Neuritis vestibular

La Neuritis vestibular o fracaso vestibular agudo es una enfermedad caracterizada por la aparición súbita de una crisis de vértigo prolongada, con náuseas y vómito, nistagmo espontáneo (movimiento rítmico de los ojos) y desequilibrio postural, SIN síntomas auditivos ni neurológicos. La causa más frecuente es la inflamación del nervio

La neuritis vestibular en la mayoría de los casos afecta a adultos con edades comprendidas entre 30 y 60 años, sin que haya diferencias demostradas entre sexos. Es un cuadro relativamente infrecuente en niños.

Hasta la fecha, se han propuesto dos posibles causas: 1) inflamación de origen viral 2) alteración vascular con isquemia laberíntica. La primera es posiblemente la más verosímil. El agente etiológico no es fácil de demostrar y se ha implicado desde la infección primaria por un virus respiratorio a la activación de un virus del tipo herpes-simple tipo I latente en el ganglio del nervio. La etiología vascular se sospecha en pacientes con antecedentes personales de riesgo vascular Hipertensión, diabetes, colesterol elevado…).

Desde el punto de vista fisiopatológico los síntomas se originan por la ausencia súbita de información vestibular desde uno de los dos laberintos. Se produce una importante disparidad entre la información normal, en reposo, que llega desde el lado sano (descarga espontánea basal nerviosa) y la ausencia de información desde el lado patológico. Esta disparidad se transmite a lo largo de toda la vía vestibular y origina la sensación de que hay movimiento (vértigo), se produce un movimiento ocular rítmico llamado nistagmo y desequilibrio. La recuperación ocurrirá merced a la reaparición de actividad neural espontánea en el núcleo vestibular del lado afectado: a esto se le denomina proceso de compensación vestibular.

Clínica

La Neuritis Vestibular tiene incidencia epidémica en determinados periodos del año (primavera y verano), y aproximadamente, en el 50% de los casos hay relación entre su aparición y ciertos procesos respiratorios de vías altas. El paciente refiere la aparición brusca de vértigo con intensa sensación de giro de los objetos con prominente sintomatología vegetativa: náuseas, vómitos, sudoración fría, palpitaciones. Este cuadro no cede a corto plazo y le obliga a permanecer en cama, inmovilizado sobre el lado sano, puesto que cualquier cambio postural exacerba los síntomas; el paciente es incapaz además de fijar la vista, debido a la presencia de un movimiento ocular rítmico (nistagmo). El pico de máxima intensidad del vértigo ocurre dentro de las primeras veinticuatro horas. Pasado este primer período va disminuyendo la sensación vertiginosa cediendo los síntomas vegetativos comenzando a incorporarse y caminar. Es entonces cuando resulta más evidente una gran inestabilidad postural que le impide la deambulación. Transcurrido un mes se aprecia la mejoría progresiva: desaparición del vértigo en la primera semana, desaparición del nistagmo y postural (recuperación de la estabilidad) la mayoría de los pacientes (50-72 %), habrán resuelto su cuadro espontáneamente y se encuentran en una fase de compensación vestibular.

No hay síntomas auditivos (hipo/hiperacusia, acúfenos, sensación de presión aural o taponamiento), ni déficits de otros pares craneales.

Exploración

La exploración de un paciente con Neuritis vestibular muestra los signos clásicos de un síndrome vestibular de origen otologico pues se encuentran todos, de manera proporcionada y armónica. Los signos más llamativos en la exploración de la neuritis vestibular son:

  • El paciente presenta un movimiento ocular rítmico (nistagmo espontáneo horizonto-rotatorio que se dirige al lado sano). Tras los primeros dias el nistagmo disminuye hasta hacerse sólo evidente con exploraciones muy minuciosas de la motilidad ocular espontánea o con la agitación cefálica. lica.
  • A nivel de la postura se produce un desplazamiento , caída hacia el lado afecto,  que va diminuyendo según pasa el tiempo, llegando a normalizarse completamente en un periodo de semanas.

No suele ser necesario llevar a cabo estudio analítico alguno salvo en caso que se sospechen complicaciones debidas a la interferencia de este proceso con otras alteraciones del paciente o por un exceso de pérdidas hidroelectrolíticas asociadas al síndrome vegetativo, que en ocasiones puede ser muy intenso. La analítica debe permitir establecer un tratamiento de soporte adecuado.

Tras una completa anamnesis y exploración física, el primer planteamiento que se debe hacer es saber si se trata de un síndrome vestibular periférico o central. A continuación, las entidades con las que es preciso plantear un diagnóstico diferencial son de tipo central (infarto cerebeloso, del tronco del encéfalo, esclerosis múltiple)  VER VIDEO VERTIGO AGUDO

Tratamiento

El manejo del episodio agudo de vértigo se resume a dos actuaciones: 1) aliviar la sintomatología vertiginosa y vegetativa y, 2) favorecer la recuperación funcional del órgano periférico.

Durante la fase aguda (1-4 días), se instaura un tratamiento que tiene como objetivo suprimir la sensación de movimiento y todo el cortejo vegetativo que afecta al paciente. Por otro lado es necesario un tratamiento de soporte que evite la deshidratación y desnutrición secundarias al cuadro. En virtud de la situación del paciente puede ser necesario ingresarle y mantenerle en observación unas horas con el objeto de descartar la existencia y aparición de otros síntomas o signos de afectación periférica o neurológica así como para valorar la respuesta al tratamiento inicial y/o de soporte. Se debe conocer el estado de hidratación así como las pérdidas que hayan podido ocurrir.

Los medicamentos antivertiginosos se conocen genéricamente como sedantes del aparato vestibular pues reducen la excitabilidad de las neuronas del núcleo vestibular. Se utilizan sustancias de diferentes grupos farmacológicos como los neurolépticos, benzodiacepinas, antihistamínicos, anticolinérgicos y antagonistas dopaminérgicos y del calcio. Tienen muy diversas reacciones adversas y efectos secundarios que es preciso tener en cuenta a la hora de su administración. En líneas generales debemos tener en cuenta:

  1. utilizarlos el menor tiempo posible (3-4 días);
  2. indicar una dosis baja y según respuesta incrementar en el primero-segundo día;
  3. revisar al paciente a las 48 horas o contactar telefónicamente con él para valorar la aparición de otros síntomas o reacciones adversas así como la respuesta al tratamiento.

Para lograr una recuperación de la función vestibular periférica se deben utilizar corticoides. En caso que los antecedentes personales del paciente lo permitan se sigue un plan de tratamiento con metilprednisolona. Del paciente se establecerá lo antes posible un programa de REHABILITACION-REEDUCACION VESTIBULAR.

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